martes, 21 de julio de 2009

stippa tenacissima

El esparto es originario de los desiertos entre el Mar Negro y el Mar Caspio. Se cree que llegó a la Península Ibérica durante el Periodo Terciario, cuando los cambios climáticos -naturales- provocaron una etapa de gransequía y el Mediterráneo bajó de nivel, facilitando la migración de algunas especies esteparias. Desde entonces, los espartales han sido formaciones vegetales dominantes en el sudeste peninsular español, ya que crece en suelos pobres y a veces de alta salinidad en el clima mediterráneo semi-árido. Desde hace milenios es aprovechado por el hombre para confeccionar utensilios para la agricultura, la minería, la ganadería, en la construcción de viviendas, en la confección de utensilios domésticos y calzado e incluso se han utilizado las partes blandas de las hojas jóvenes como alimento reconstituyente.
Durante siglos la acción del hombre ha ido modelando el funcionamiento y dinámica de los espartales, llegando incluso a cultivarse mediante la plantación de porciones de matas durante el otoño, estimulando su crecimiento por medio del entresacado de las matas y de las hojas muertas, eliminando las especies adyacentes que competían con el esparto por el agua y los nutrientes de la tierra, mediante quemas repetidas cada cuatro o cinco años y con el pastoreo. Los principales responsables del esparto cultivado fueron los púnicos, quienes además de usarlo para los cordajes de sus navíos lo exportaban a otras regiones del Mediterráneo. Comenzó a usarse a gran escala co motivo de las campañas militares y de conquista de los púnicos en Hispania. Los romanos de la península lo exportaban a Italia y Grecia. La recolección de la fibra de esparto se mantuvo muy activa hasta la segunda mitad del s.XX; durante el s. XIX tuvo una utilización intensa,centrada sobre todo en la fabricación de la pasta de papel, especialmente demandada por Cataluña, Euskadi y Reino Unido. De aquella relevante aplicación del esparto hoy apenas queda un reducto en la industria de la construcción, para armar la escayola, ya que la dota de una gran resistencia a la tracción en la formación de sujecciones de placas de escayola; en la industria de papel, especialmente en la industria papelera ecológica para la elaboración de cartones y kraf, y alguna representación casi simbólica en utensilios de confección artesana. Unas y otras actividades, debido a su infraexplotación, tienen en estos momentos poca relevancia económica.
Sin embargo, las técnicas de recolección del esparto no han variado desde que el ser humano comenzó a transformarlo para su provecho. Posiblemente es la única materia prima sobre la que no se ha aplicado ningún avance tecnológico en ninguna de sus formas. Se sigue recolectando a mano, exactamente igual que hace milenios, por el sistema de liar las fibras en un palo -de madera o metálico- y ejercer un fuerte y rápido tirón para arrancar las fibras. Esto supone un esfuerzo físico intenso -intentar arrancar un manojo y lo comprobareis-, y quizás sea la dureza de la recolección una de las causas que están haciendo del esparto, aún siendo una materia prima renovable y ecológica, una materia poco utilizada en estos momentos.
Por tanto, hoy día, los espartales tienen sobre todo un valor ecológico, ya que es una especie protectora del suelo que impide la erosión de un escosistema tan frágil como es la estepa ibérica. La funcionalidad de los espartales y su capacidad para reciclar nutrientes e infiltrar el agua de escorrentía procedente de lluvias torrenciales y, por tanto, resisteir la pérdida de suelo por erosión. Si, por abandono de las atochas, comienza a aumentar la distancia entre unas matas y otras, estas tendrán menos capacidad para retener el agua y los sedimentos de escorrentías, produciéndose en consecuencia una pérdida de recursos y una disminución de la resistencia del ecosistema frente a nuevos eventos de escorrentía. Las raíces del esparto se concentran fundamentalmente debajo de las matas, entre 10 y 20 cm. de profundidad, lo que permite al esparto responder rápidamente a variaciones súbitas de agua en el suelo, mostrando el que se encuentra bajo las matas de esparto una mayor fertilidad y mejores condiciones micro climáticas que el suelo adyacente, originando la formación de "islas de recursos". El esparto también facilita el establecimiento en germinación, plántulas y adultas, de otas especies leñosas como el lentisco, la labaida, el falso romero y la coscoja. Las hojas de esparto tardan unos 6 meses en completar su desarrollo y tienen una longevidad de entre 12 y 24 meses. Si la atocha no se regenera, la planta tiende a morir ahogada por su propia materia muerta -las hojas exteriores secas-, por tanto es imprescindible que ésta se vaya regenerando, bien extrayendo las hojas jóvenes, bien limpiando la atocha de hojas secas.
En la Comarca del Altiplano de Granada -especialmente el entorno de Orce, Castilléjar, Benamaurel y Cortes de Baza- los espartales configuran parte del paisaje actual, poblando los cerros salinos -redondedados unas veces, de curiosas formas otras- y los terrenos adyacentes, proporcionando esa singularidad de contrastes entre los montes blanquecinos salpicados de motas pardas que en primavera se reverdecen entre pequeñas betas blancas de sal y los destellos de los espejuelos a veces durante kilómetros y kilómetros, conviviendo con las fértiles y coloridas vegas de huerta y las choperas próximas a las riberas de los ríos, junto a paisajes de alta montaña nevados en invierno. Me permito recomendar un paseo por las badlands de Castilléjar en una noche estival de luna llena. No se olvidará fácilmente.
Esta abundancia de esparto en la comarca ha hecho posible que desde épocas prehistóricas haya sido utilizado por el hombre para la confección de distintas herramientas y utillajes tanto domésticos como aplicados a la agricultura, la ganadería y la vivienda. En el Museo de Galera podemos contemplar restos humanos parcialmente momificados procedentes del Yacimiento del Castellón Alto que aún conservan parte del calzado confeccionado con esparto. Y en Castilléjar se sigue recolectando el esparto, existiendo incluso una balsa de cocido de fibras, aunque posteriormente se lleva fuera de la comarca para su transformación.
Tampoco la artesanía del esparto ha desaparecido por completo en la comarca, si bien está al borde la extinción, ya que está en manos exclusivamente de artesanas y artesanos ya jubilados que, eso si, trabajan esta dura materia con una técnica depuradísima al mismo tiempo que son un gremio con una gran capacidad creadora, simultaneando la producción de piezas tradicionales y utilitarias con la creación de otras singulares y decorativas, que en ocasiones llegan a ser verdaderas piezas escultóricas.
El esparto, nuestro esparto, tiene unos valores de conservación medio ambientales fundamentales, cumple una función en el pastoreo de nuestra cabaña ovina, unos valores paisajísticos que constituyen un recurso turístico, unas utilidades aplicadas a diferentes campos como el papel, la construcción, material de encendido para chimeneas y barbacoas -¿a nadie se le ha ocurrido todavia esa posibilidad de transformar el esparto aquí con ese fin?-, en la confección de complementos domésticos -sombrillas, persianas, alfombras, mobiliario, recubrimiento de botellas para conservar el frescor del líquido, bandejas ... suelas para zapatillas de verano, sombreros -digo yo que si el esparto conserva frescos los líquidos de los envases que recubre, también proporcionará frescor en las cabezas que los sostengan en las largas jornadas veraniegas a quienes pasen buena parte del día al sol-, cestas y bolsos -aquí debería ser casi obligatorio ir a la compra con cestas de esparto-, objetos decorativos diversos... Y debería ser recurso habitual en demostraciones y talleres abiertos en eventos relacionados con la artesanía local.
Frente a todo esto, me pregunto: ¿por qué estamos dejando que los espartales de nuestro territorio se mueran, y con ellos una parte de nuestra tierra, mientras nosotros además tenemos un altísimo índice de desempleo en la comarca?
dahiASostenible

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